Planeta Vinilo

BIENVENIDO A LA ÓRBITA ANALÓGICA Recuperando discos de vinilo, imágenes, lecturas y otras cosas

Mi foto
Gentileza de: Doctor Vinilo
Sigue estos links para más información actualizada sobre temas jazzísticos. Más abajo Planeta Vinilo sigue tocando varias teclas.
Ver todo mi perfil

sábado 28 de febrero de 2009

lunes 8 de diciembre de 2008

Top 10 de instrumentales del Dr. Vinilo


Resulta evidente que para confeccionar una lista como esta he tenido que sentar algunas bases. La primera es dejar aparte las músicas eminentemente instrumentales, como la sinfónica y otras variantes de la llamada, para bien o para mal, música clásica, así como las corrientes principales del jazz o los ritmos de baile electrónicos más actuales, diseñados con fines exclusivamente utilitarios, casi siempre desprovistos de voz. Y la segunda, y por razones obvias, dedicar mi atención a temas que en origen fueron publicados en vinilo, pues esta es su casa, y esa mi causa. La tercera, y más importante, es que no pretendo sentar ningún canon, sino compartir las músicas que personalmente me impactan o a las que dedico especial atención.

Una vez claras la intención y el ámbito, ahí van los diez temas instrumentales preferidos del Doctor Vinilo.


1. Tequila - The Champs

Ya en su día (ver Top 10 etílico del Dr. Vinilo) afirmé que considero este tema la cumbre del instrumental rockero, y eso por las razones ya mencionadas, aunque insistiré en que la mayor de sus virtudes es la facilidad con que rompe barreras generacionales y es tan bien recibida como adoptada por casi cualquiera que tenga la fortuna de escucharla. Por ello, y porque no voy ahora a contradecirme, este tema sigue siendo el top indiscutible. Editado en fecha tan lejana como 1959, logró el #1 de las listas en sólo tres semanas desde su grabación en los estudios Gold Star californianos, lo que tratándose de un instrumental y de un grupo de fuerte influencia mejicana tiene su mérito. Más aún, engrosa la larga lista de caras B que superaron en éxito a la apuesta inicial de los estudios, en este caso Challenge Records.

2. Wack Wack - The Young Holt Trio

El batería Isaac Holt y el bajista Eldee Young, ambos provinientes del trío de Ramsey Lewis, se acompañaron del pianista Don Walker en 1966 para pergeñar uno más de los tercetos de jazz tentonces tan en boga, aunque en esta ocasión se adentraron sin remilgos en el mundo de la pista de baile con un tema tan sencilllo como impactante, en el que aparte de marcar el ritmo con afán incansable juguetean con sus instrumentos para provocar respuestas tan contundentes como el título del tema. Considerada una obra menor, una especie de novelty de consumo rápido, aguanta perfectamente el tipo con el paso de los años, y parece expresamente diseñada para satisfacer tanto al jazzero más hip como al simple adicto al bailoteo. Si deseas marcarte unos pasos sin quedar como un patán, aquí tienes la coartada perfecta. Como en el caso anterior, su estribillo pegadizo en eterna repetición de onomatopeya es parte importante de su encanto.

3. Green Onions - Booker T & the MG's

Sin apartarnos de la pista de baile, llega el momento de rendir homenaje a uno de los grandes clásicos del soul instrumental, tema que cruzó océanos y hemisferios y se convirtió en banda sonora de mods a la última, bailarines del ghetto y barra de cocktail bar para solteros. Unía a partes iguales las raíces del R&B del profundo sur con el ambiente más urbano, y resume en tres minutos toda una época, pues aparte de los toques de órgano Hammond de Booker T. Jones se recrea en la fenomenal aportación de los MG's (el Memphis Group, por su Memphis natal), quienes no en vano formaron parte de la nómina de Atlantic como cotizados músicos de sesión. Los mencionados eran Steve Cropper a la guitarra, Donald Dunn al bajo y Al Jackson Jr. a la batería, quienes en 1962 arrancaron a bailar a millones con este tema midtempo y sugerente que rezuma soul por todos los poros.

4. Wham - Lonnie Mack

Bautizado como Lonnie McIntosh, natural de los Apalaches, de sangre medio india y medio escocesa, criado en Kentucky como el buen bourbon, Lonnie Mack tenía que salir salvaje y respondón de todas todas. Tras iniciarse en grupos de western swing y probar fortuna con el rockabilly más agreste, decidió comprarse una Gibson Fliying V, de la que nunca se desprendió, y dar rienda suelta a sus instintos más básicos con profusión de punteos acelerados y trémolos eléctricos, pariendo en 1963 el tema que nos ocupa, de nombre tan amenazador como contundente. No es de extrañar que su técnica y actitud resultaran determinantes en carreras como la de Jimmy Hendrix o Stevie Ray Vaughan, pues se le considera el inventor del guitarreo de blues-rock, y su aparición en escena fue toda una revelación para rockeros en ciernes. Este instrumental arranca pasiones, demole principios y resucita muertos, y empequeñece a más de un amante de las grandilocuencias a base de megawatios. Podría estar en lugar destacado de cualquier lista, pero aquí se lleva un esplendoroso número cuatro.

5. Cleo's Mood - Junior Walker & the Allstars

Siguiendo la estela de cuartetos con órgano como los antedichos MGs, con un ojo en el R&B y otro en la avanzadilla del sonido más funky y machacón, el saxofonista Junior Walker, avezado honker, regaló una veintena larga de éxitos bailongos a medio camino entre el club de mala muerte y la trepidación alla James Brown, entre los que destaco este Cleo's Mood de ambiente tenebroso y amenazante, donde el ampuloso sonido de su tenor King puede apagar una vela a diez metros o volcar una hormigonera a cincuenta. De confección tan sencilla como resultona, este instrumental de 1966 no obtuvo un éxito comparable a Shotgun u otras de sus composiciones más celebradas, pero es todo un ejemplo de cómo hacer mucho con poco, y de cómo la actitud es medio mundo a la hora de crear ambientes que soporten el paso del tiempo.

6. Wipe Out - T
he Surfaris

A rebufo, o tal vez en primera línea, de la caterva de grupos surferos californianos de los primeros sesenta, nos hallamos ante The Surfaris, grupo dedicado en cuerpo y alma al instrumental como muchos de sus coetáneos. En este caso abandonamos el ambiente enrrarecido, las raices profundas y la apuesta futurista y nos adentramos en un mundo tan amplio, enérgico y vital como el océano Pacífico, sólo que en vez de portar tabla de surf estos tipos sonrientes y bien alimentados (es un suponer) aparecieron guitarra en ristre para animar los saraos playeros con un tema redondo, directo y sin pretensiones, donde la gracia del asunto reside en no dejarse amilanar ni quedar barrido por una ola. Tras una risotada maníaca, el batería Ron Wilson, Jim Fuller y Bob Berryhill a las guitarras y Pat Connolly al bajo ( a los que más tarde se añadiría Jim Pash al saxo tenor, como puedes ver en la foto de tu izquierda) impulsaron un auténtico tsunami que barrió durante meses de las listas a todos sus contendientes. Aún hoy el tema rezuma la misma frescura que en su origen, y aunque el gusto actual reclama mayores habilidades, conviene recordar cuando el instrumental era un deporte en el que siempre se debía ganar por goleada sin darle oportunidades al contrario. Por su influencia, su limpidez y su alto voltaje, Wipe Out se lleva el sexto lugar de la lista.

7.Rumble - Link Wray

Este tema aparece aquí por las mismas razones que el anterior, pero en este caso elevadas a la vigésima potencia. El tan salvaje como a menudo inefable Link Wray, que reclamaba tener sangre india en las venas sin llegar a probarlo nunca, compuso un tema de auténtica pegada sin estar más dotado que para pergeñar solos espasmódicos de una sola nota. Aunque provisto de todos los avances técnicos del momento (que se pueden contar con los dedos de un fabricante de petardos), no llegó a desbancar a otros competidores como Duanne Eddy, pero tiene en su haber la invención del llamado "power chord", adoptado más tarde por grupos británicos de mediados de los sesenta como The Who o The Kinks, y que constituye la base del rock tal como hoy lo conocemos, sobre todo en su vertiente más heavy y punkarra. Apoyado por dos hermanos suyos al bajo y la batería, en tal año como 1958 grabó Rumble para Cadence Records, logrando un éxito fulminante que se vio empañado por la negativa de muchas emisoras a radiar un tema que consideraban demasiado incitante, provocador y subversivo, lo que es todo un logro para un instrumental. Sólo por eso merece estar en esta lista. Tal vez lo conozcas por haberse incluido en multitud de bandas sonoras, especialmente cuando quiere demostrarse que el que ocupa la pantalla es algo menos que el mal personificado.

8. Sleepwalk - Santo & Johnny

Llegados a este punto de la partida tal vez merezca reivindicarse el instrumental más calmo, el adecuado para aderezar encuentros amorosos o para exacerbar los sentimientos más profundos e introspectivos. Y en esta liga para mí hay un ganador indiscutible, que es el tema mencionado de los hermanos Santo & Johnny Farina, nacidos en Brooklyn, Nueva York, que se vieron propulsados al estrellato de la noche a la mañana con la misma rapidez con que se vieron encasillados en el papel de muchachitos sensibles que toda madre quisiera para sus hijas vírgenes. La razón para tanta aceptación residía en el virtuosismo de Santo en el uso de la Steel Guitar, instrumento hasta entonces relegado al country más silvestre, y aunque resultó muy adecuado para versionar celebérrimos temas instrumentales de aire contenido y sugerente, no propició que los dos hermanos rompieran su corsé, viéndose condenados a aplicar el mismo principio a toda su discografía, que se prolongó escasamente hasta 1965. A pesar de todo, su primer éxito es toda una joya, y a menos que seas Jack el Destripador ha de tocarte la fibrilla... o algo más profundo.

9. Memphis Soul Stew - King Curtis

Nacido en 1934 en Fort Worth, Texas, este saxofonista rocoso y polivalente cultivó variadas facetas como músico de sesión para Atlantic y otras casas, frontman de grupos de modern jazz y adalid del soul jazz más aguerrido, pero la razón de que se halle en esta lista no es sólo su condición de alumno aventajado de la escuela de tenores tejanos, sino su larga trayectoria como telonero de Aretha Franklin con The Kingpins, con los que se especializó en maestro del precalentamiento y domador de públicos, como demostró fehacientemente con este tema de 1966 en el que parte de la nada y va armando un edificio soulero ladrillo a ladrillo, o como él mismo declara, cocinando un estofado en el que los ingredientes se van echando uno a uno en la olla para deleite de gastrónomos musicales. La fórmula no era nueva, y se ha utilizado en multitud de estilos y momentos, pero esta clase magistral de alta cocina merece sin duda un lugar en esta lista. Tema recomendado para desganados o aquellos a dieta de los potajes más infames del siglo XXI.

10. The In Crowd - Ramsey Lewis

Del trio original de donde provinieran los Young Holt antedichos cierra este listado la aportación de Ramsey Emmanuel Lewis, natural de Chicago, Illinois, pianista más que competente de irrenunciable formación clásica y avezado entertainer que combatió en las trincheras del swing en los cuarenta y que en 1965 se sacó de la manga una vuelta de tuerca más en el panorama de los abundantes tríos de jazz de la época, logrando que un LP instrumental llegara al #2 de las listas de pop con un tema de ritmo pegadizo y entusiasta grabado en directo, su medio natural. Sin embargo, y muy a pesar de su larguísma y meritoria trayectoria (lleva grabados ya más de 80 LPs ), este éxito indiscutible fue el inicio de su recorrido por terrenos más trillados y menos sorprendentes, y uno tiene la sensación de que tal vez se hubiera esforzado mucho más de no haber tenido tanta salida como rostro amable del jazz más accesible. Sin embargo, el tema que he escogido para cerrar este Top 10 posee la maestría indiscutible del que lleva mucha mili a las espaldas, y aún hoy en día logra que uno mueva los talones de manera inconsciente. Puro swing, ambiente de club cargado de humo, el vaivén de un oleaje antes de que se desate la tormenta en este tema dedicado a the in crowd, la gente guay (la que deja buenas propinas, supongo).

Recomiendo muy efusivamente que rebusques en youtube u otros medios estos temazos, a ver si coincides conmigo en que con instrumentales así... sobran las palabras.




lunes 1 de diciembre de 2008

Top 10 de los grupos femeninos del Doctor Vinilo

No son todas las que son, pero todas las que están en esta lista hallaron un hueco, en su mayor parte efímero, en la historia de la música popular. Y además de tener alguna responsabilidad en la formación sentimental de este que suscribe, son todas consultables por youtube, lo que no me negaréis que es toda una ventaja.

1. Goldie and the Gingerbreads.

En tal año como 1962, Genya Rawan asisitió a un bolo de The Escorts, y cuál no sería su sorpresa al ver que la batería la tocaba una chica, Ginger Panabianco, lo que le inspiró de inmediato la idea de fomar un grupo exclusivamente femenino. La idea cuajó, y junto con Mango Lewis y Carol McDonald vio la luz la primara banda femenina que logró contrato con una de las grandes, para acabar un año después en la Atlantic de Ehmet Ertegun, quien las vio en compañía nada más y nada menos que de los Rolling Stones. La carrera del grupo duró hasta 1967 y atravesó grandes altibajos, pues aunque giraron por EE.UU. y el Reino Unido de manera casi constante, la atracción primera por un grupo de tal atrevimiento y novedad quedó más que mitigada anulada por la negativa de las emisoras sureñas a radiar a un grupo de féminas tocando música de negros, lo que veían como una evidente transgresión por partida doble. Por lo demás, su pop-rock guitarrero y directo puede escucharse hoy en día sin sospechar que ponían mucho más que la voz, y su alta calidad incluso las ha hecho merecedoras de una versión renovada de los mismísimos Green Day. Por pioneras y radiantes, se llevan el primer puesto de esta lista.

2. The Runaways

He aquí un grupo que saltó una doble barrera, pues lograron cierta fama (aunque poca fortuna) en un mundo tan misógino como el heavy metal. Formadas en 1975, su breve y tumultuosa carrera de 4 años estuvo salpicada de escándalos, giras por medio planeta y el desprecio de sus correligionarios más impermeables, quienes las consideraban una banda prefabricada para consumo adolescente. Algo había de verdad en ello, pero el arrojo de este cuarteto de chicas-en-un-mundo-de-machos es admirable, y más aún la calidad de sus dos guitarristas, Joan Jett y Lita Ford, y el empuje de su batería, Sandy West, que dejaron boquiabiertos a más de un metalero con exceso de testosterona. Su influencia fue notable en grupos como The Ramones, Blondie o gran parte de la escena punk británica, y más aún que por sus discos de platino se las recuerda por temas como "Cherry Bomb" o "Born to be Bad".

3. Fanny

De nuevo nos hallamos ante una breve carrera de cuatro años, pues el grupo liderado por June y Jane Millington (a los extremos de la foto) nació en 197o y se disolvió en 1974. Fue el segundo grupo de "sólo chicas" en firmar por grandes casas (Reprise), y lograron entrar dos veces en el Top 40 con "Charity Ball" y "Butter Boy". A pesar de su alta competencia musical y de formarse en tiempos más abiertos a la presencia femenina, su rock amable y sin estridencias no halló la respuesta esperada, y los nuevos tiempos más proclives al hard rock y al advenimiento del punk las dejó fuera de juego. Entre sus diversas formaciones incluyeron a Patti Quatro, la hermana de la irredenta Suzie Quatro, y sus discos, obras de alta calidad, creo merecerían un lugar más destacado en la historia. Tal vez si hubieran gritado más les hubieran hecho más caso... o las habrían tachado de histéricas, nunca se sabe.
Añadir imagen
4. Klymaxx

Este sexteto de Los Angeles, California, poseía el empuje necesario para saltar las barreras raciales, las sexistas y los cien metros vallas, aunque su carrera fue la historia de un gran inicio y un progreso claramente descendente. Desde su primera aparición con el álbum, "Girls will be girls" y su secuela de desafiante título "Never understimate the power of a woman", el hueco que lograron hacerse en el mundo del pop de ascendencia más funky se fue cerrando bajo las presiones del rap y el hip-hop, algo para lo que estas chicas de intenciones tan ambiciosas como encorsetadas no parecían preparadas. Sus temas iniciales invitan al bailongo y poseen una actitud descarada y transgresora que se fue diluyendo con el tiempo, y aunque en sus últimos tiempos se defendían con baladas y daban más de un paso atrás, su irrupción como instrumentistas autosuficientes y defensoras del show total las hace merecedoras de un número cuatro. Más aún, oídas con orejas actuales más de una Beyoncee palidece.

5. The slits

Bienvenidos a la transgresión. Este grupo de nombre preclaro (Las Rajas), animó la escena new wave londinense entre los años 1976 y 1981, y aunque fue la irrupción del punk la que les abrió las puertas a un público tan receptivo como minoritario, su estilo y su puesta en escena (por llamarlo de alguna manera) resulta del todo inclasificable. Desnudas y cubiertas de barro en la portada de su primer LP "Cut" (más claro el agua) y su desfachatez las hace subir al podio del "do it yourself" y la experimentación, pues su sonido crudo y descarnado, salpicado de las influencias reggae entonces en boga, hace que resulten odiadas y admiradas a partes iguales, tanto entonces como ahora. Como curiosidad valga apuntar que una de sus integrantes iniciales, Palm Olive, se llamaba en realidad Paloma Romero y era española. La banda ha pervivido con diversas integrantes, pero nunca ha traicionado su esencia íntegramente femenina.

6. The Suffrajets

Esta banda británica del área de Birmingham, recientemente desaparecida, aunó componentes de diversas procedencias, incluida Gemma Clarke de los Babyshambles, y su rock contundente y políticamente comprometido empezó a ser reconocido sobre todo en base a su incansable ritmo de actuaciones. Resulta evidente que su nombre se inspira en las suffragettes, las primeras defensoras del voto femenino en Reino Unido allá a finales del siglo XIX y principios del XX, lo que da una idea de su posición eminentemente reivindicativa. Luchas intestinas provocaron la marcha de Clarke, y la banda quedó en las inspiradas manos de las hermanas Samantha y Shelly Walker, compositoras de la mayoría de sus temas. Un vistazo a Youtube te convencerá de su arrojo y su pasión, y a pesar de ser muy minoritarias tal vez habrían merecido mejor fortuna.

7. The Go Go's

De nuevo nos hallamos en California, tierra de suave clima y mujeres radiantes, y este quinteto formado en 1978 abunda en la misma idea. Temas frescos y sin demasiadas pretensiones con especial atención a la imagen y a la entonces incipiente industria del video clip. Su sonido resulta cien por cien new wave de EE.UU., lo que puede entenderse tanto meritorio como detestable, pero que en pequeñas dosis resulta revitalizante. No en vano decían beber de las mismas fuentes que los ingleses The Buzzcocks, The Surf Punks o The Ramones. Sus primeros éxitos, como "We got the beat" no son nada desdeñables, y de sus filas salieron carreras como la de Belinda Carlisle, a la que en verdad prefiero como Go Go de 1980.

8.The Mo-dettes
Este cuarteto británico vio la luz en 1979, y su álbum de 1980, "The Story So Far", fue el único que publicaron, aunque sus temas "White Mice" y la versión de los Stones "Paint it Black" (en la que proponían veladamente una nueva capa de pintura para la Casa Blanca de Washington) tuvieron amplia repercusión. Enclavadas firmemente en la nutrida y muy variada escena del post-punk, la brevedad de su carrera tuvo mucho que ver con la endogamia del momento, pues una de sus fundadoras provenía de las Slits antedichas, otra matrimonió con un miembro de Madness, otra era la hermana de un miembro de Ten Pole Tudor, y otra acabó como baterista de The Communards. Demasiado para mantener un grupo cohesionado a la sombra de tanta carrera exitosa.

9. The Bangles

Algo tendrá California para parir tanta fémina aguerrida. El caso es que esta banda formada en 1980 fue de las pocas en lograr fama y fortuna, sobre todo entre 1984 y 1989. La historia relata cómo dos hermanas (una vez más), Vikki y Debbie Peterson, enrrolaron a Susanna Hoffs y a Anette Zilinskas en un proyecto más de los que pululaban por la escena angelina del llamado Paisley Underground, y tras llamarse The Supersonic Bangs y resolver ciertos problemas con el registro de su nombre pasaron a ser Bangles y finalmente The Bangles, que es como seguramente las recuerdas. Su primer album de 1984 "All Over the Place" es un derroche de power pop, pero más tarde empezaron a recorrer terrenos más trillados, época de la que tal vez puedas salvar de la quema su celebérrimo "Walk like an Egyptian", que las encumbró al #1 de las listas mundiales y que aún resonará en alguna cabeza desprovista de Alzeihmer.

10.The Bodysnatchers

A rebufo de la eclosión del ska británico de principios de los 80 nació esta variante sólo para chicas de los ritmos más festivos del momento. Siete chicas siete que se atrevían a desafiar a grupos como The Specials, Madness, The Selecter y otros muchos de la factoría Two Tone. De nuevo nos hallamos ante un éxito exiguo y efímero, pues la historia del grupo se ciñe al periodo comprendido entre 1979 y 1981. Aún así, merecieron figurar en el documental Dance Craze, compendio de lo más granado de la escena, y colocaron en las listas un par de singles valiosos. Sólo una de sus componentes, Rhoda Dakar, prosiguió carrera como vocalista de The Special Aka, y de las otras nunca más se supo. A pesar de ello, su papel nunca fue subsidiario, y aunque figuran en último lugar de esta lista, pertenecen a ella por derecho propio.

domingo 30 de noviembre de 2008

Pero... ¿y dónde están las chicas?


Hace poco la prensa mundial se hacía eco de la aparición de un grupo de rock formado enteramente por mujeres en Arabia Saudí, reino de la asfixiante y ultratradicionalista monarquía alauí, practicante del wahabismo, una de las variantes del islam más restrictiva y por ende más machista, enemiga declarada de la paridad femenina y de cualquier intento de plena integración de las mujeres en la vida social y cultural. El grupo responde por AccoLade, y si ardes en curiosidad quedarás defraudado, pues su página en Myspace ofrece música, pero oculta sus rostros en prevención de reprimendas, o de algo peor. La noticia ha provocado comentarios despectivos, desdén, mucha condescendencia y alguna reacción airada, pero me temo que son legión los que señalan la paja en el ojo ajeno (¿qué esperaban acaso de una dictadura religiosa?) y obvian la viga en el propio. Y si digo esto es porque un rápido vistazo a las listas de éxitos occidentales del siglo XXI o a la historia de la música popular del XX puede convencer a cualquiera de que la presencia de las mujeres y sus instrumentos en el referente o imaginario colectivo es cuando menos desigual.

Dime lo que tocas y te diré quién eres

Hay mujeres en la música, claro está, y mucho se ha andado desde los tiempos en que una mujer sólo podía formar parte del auditorio, escuchando en pleno arrobo romántico una pieza de Franz Liszt (el primer promotor del fenómeno fans) o asistiendo en pleno ataque de histeria a un concierto de los Beatles (incontinencia urinaria incluida), pero la práctica ausencia de grupos formados enteramente por mujeres me sugiere que todavía subsiste un reparto de papeles bien inscrito en el cerebro reptiliano del músico y el aficionado de ambos sexos. ¿Una mujer toca un instrumento? Puedes apostar a que será el piano, la flauta o el violín, como mucho el clarinete o el oboe, mejor aún el arpa, y si forma parte de un grupo nueve de cada diez veces será la cantante, pues parece que es precisamente eso, la voz femenina, lo más valorado a la hora de sugerir sentimientos o proporcionar descanso y asueto al guerrero que todos los melómanos llevamos dentro. Así pues, las mujeres han pasado de la mera pasividad a promocionarse como cantantes, de ahí a unirse en formaciones vocales con banda masculina detrás, más tarde a engrosar las filas de los "grupos con chica", y por último a hacerse un hueco como artistas multitasking (Diana Krall es un claro ejemplo de todo esto). Pero, ¿dónde están las compositoras?, ¿cuántas instrumentistas de excepción puedes mencionar?, ¿cuál es tu bajista, guitarrista o batería preferida? Desde aquí puedo oír tu esclarecedor silencio.

It's my party, and I do want I want to

Por desgracia, todo lo dicho anteriormente vale aún para la música clásica (sí, ¿dónde están las directoras de orquesta?), otras músicas populares que presumen de transgresosras como el jazz, o el rock, las más tradicionales como el blues, o el pop de hit parade en todas sus variantes, y en pleno siglo XXI la música electrónica y el mundillo de los DJ's endiosados parece seguir las mismas pautas. En un mundo perfecto el sexo de cada contribuyente a la creación musical no tendría mayor importancia, y lo deseable sería encontrarse siempre con una mezcolanza de músicos sin mayores distinciones que su habilidad, su inspiración o su capacidad para transmitir emociones. Ya superados en su mayor parte los prejuicios raciales, ahora que un rockero sexagenario no recibe el mismo trato que un jubilado jugador de petanca, queda aún por conquistar la última frontera. Y por todo ello, desde aquí exalto a las defensoras del do it yourself más activo, a aquellas que dejaron de babear en el instituto ante sus compañeros de guitarra en ristre y se pusieron manos a la obra, y a todas aquellas que pensaron que ella y sus amigas también podían hacerlo.

Ahí va, pues, mi listado de preferencias de los grupos formados por ellas.



domingo 16 de diciembre de 2007

Top 10 etílico del Doctor Vinilo

Música y Alcohol, una pareja tradicional

A estas alturas en que el consumo de sustancias psicotrópicas y estimulantes parece asociarse sin recato con la música popular de grandes ventas, las pistas de baile y la vida rockera disoluta, superados ya los tiempos en que música y experiencias en estados alterados de conciencia iban de la mano bajo largas melenas, aparcados ya los estragos causados por la heroína y los malos viajes del LSD, sorprende comprobar que hubo un tiempo en que el alcohol era el único recurso lúdico-adictivo de uso generalizado, cuyas virtudes podían cantarse sin temer censuras ni visitas de la policía. A excepción del breve periodo conocido como "ley seca" en EE.UU., el alcohol ha sido siempre legal en occidente, y fuente de inspiración para músicos y artistas desde tiempos inmemoriales. En el siglo XX el jazz, el swing o el blues, por poner unos pocos ejemplos, han sido alcohólicos declarados, y sólo cuando el rock and roll se infantilizó dejó la música popular, eminentemente adulta hasta entonces, de entregarse a las libaciones desmedidas y las melopeas de forma recurrente. Al poco otras sustancias tomaron el relevo, y el alcohol pasó a considerarse droga de padres de familia, vagabundos o borrachos de pueblo, muy alejados del arquetipo de hipster a la última en busca de sustancias prohibidas y paraísos artificiales de la era moderna.
En la música popular del siglo XX son dos las temáticas etílicas principales. Por un lado la loa al consumo, aderezo de grandes bacanales y fIestorros o simple rompehielos para la vida social, a menudo en forma de cocktail para despejar el camino hasta el ayuntamiento carnal, y por otro como quitapenas o anestesiante contra los desengaños amorosos, reparador de corazones partidos y mar donde ahogar congojas. Ciertamente la asociación entre música y clubs hicieron el resto, y varias generaciones de sesudos jazzeros, bailarines o gargantas profundas del blues se aprestaron en tropel a empinar el codo.

Como prueba de todo ello, aquí van diez temas etílicos escogidos con amor y sed insaciable.


1. Tequila. The Champs. 1958
Cumbre inequívoca del instrumental y cima de los temas etílicos, esta canción del grupo californiano de ascendencia mejicana The Champs tuvo un éxito desmesurado, y parte de la culpa es su estribillo de una sola palabra que le da título. Compuesta por su saxofonista Dani Flores (bajo el sugerente pseudónimo de Chuck Rio), es una tonada que reconocen tanto jóvenes como ancianos y para la que parece que no pasa el tiempo, pues es capaz de animar cualquier sarao en pleno siglo XXI. Tanto fue su éxito que creó un estilo propio, abriendo la brecha para que la voz de toda una generación de pachucos fuera por fin escuchada.

2. One bourbon, one scoth, one beer. John Lee Hooker. 1966. Aunque esta es la fecha de edición del disco de Chess que ves a tu izquierda, la fecha de composición del celebérrimo tema es incierta. El caso es que el gran bluesman se retrata a si mismo acodado en la barra de un bar en pleno proceso de catarsis amorosa a base de lingotazos sucesivos de los tres elementos del título en rueda perpetua. De nuevo nos hallamos ante un estribillo pegadizo, que excita la sed e impulsa al remojo interno ante las adversidades.

3. One for my baby (and one more for the road). Frank Sinatra. 1958. Composición de Harold Arlen y Johny Mercer interpretada por vez primera por Fred Astaire, que Sinatra ya grabara en Columbia en 1947, aunque la versión de 1958 en Capitol que he escogido tiene mayor profundidad y una producción más cuidada, propia de una estrella etílica como Frank "la voz" Sinatra, miembro fundador del Rat Pack junto con otro dipsómano entregado como Dean Martin. De nuevo nos hallamos ante un caso de tristezas bien regadas con chica de por medio, aunque de estilo más discursivo que cantado. No en vano está todo el disco dedicado al desamor y la soledad; no recomendado para depresivos o divorciados en ciernes.

4. Rum and Coca-Cola. The Andrews Sisters. 1944. Este trío de falsas hermanas (sólo dos lo eran) se inspiró en un calypso de Lionel Belasco, músico afincado en Trinidad que fue desposeído de los derechos de autor en favor de Morey Amsterdam, para aportar su granito de arena a la coctelería bélica en plena Segunda Guerra Mundial, llegando a vender la friolera de siete millones de discos, algo inusitado para la época. Ni siquiera Santa Claus hizo tanto en favor del conocido refresco de Cola. Tonada pegadiza de ambiente tropical y festivo con estribillo cubatero por excelencia, antes de que al mismo combinado se lo rebautizara como Cuba Libre en un momento de menos amor por la presencia de tanto gringo en el Caribe.

5. Red Red Wine. Neil Diamond. 1968. El versátil, polifacético y siempre profundo Neil Diamond llegó alto en las listas con este himno a la enología quitapenas, y como ejemplo he escogido su versión en directo de 1972, donde el público corea el estribillo con pasión de somelier. Un año después de su salida al mercado en 1968, un jamaicano llamado Tony Tribe lo pasó por la batidora reggae, versión que a su vez tomaron los británicos UB40 en 1983 para fijar la más famosa de todas ellas, que es seguramente la que suena en tu cabeza en estos momentos. Vino rojo como la pasión que se va.

6. Drinking Again. Dinah Washington. 1962. De nuevo Johny Mercer se interna en los vapores etílicos en este tema, que conociendo a Dinah Washington suena a sincera confesión alcohólica. Litros de desamor vaso en mano en este disco de Roulette de ambiente bluesero y voz cazallosa, que inspiró entre otras una imbatible versión de Aretha Franklin en 1966 donde vence por KO al primer asalto con una entrada que pone los pelos de punta. Al igual que predecesoras como Billie Holiday, Dinah convence al oyente de que en cuestiones de botella sabe de lo que está hablando, y su interpretación destila sentimiento (nunca mejor dicho).


7. Joe Liggins & The Honeydrippers. Pink Champagne. 1952. Genio y figura del R&B, compañero de fatigas de otros bebedores como Jimmy Witherspoon o Amos Milburn, Liggins nos emplaza en este famoso tema a divertirnos con la burbujeante libación de lo que entendían era una bebida sofisticada propia de clubes de alto copete, con el objetivo confeso de beneficiarse a sus acompañantes femeninas.

8. There's a tear in my beer. Hank Williams. 1949. Padre de la música country & western tal como la conocemos hoy en día, el sr. Williams parecía predicar con el ejemplo, y además de consumir cantidades ingentes de alcohol lo aderezaba con anfetaminas y en sus últimos años con morfina, lo que provocó su muerte prematura en 1953. La lista de sus éxitos es muy extensa, y en este caso se dedica a la balada plañidera donde la cerveza toma el regusto salado de las propias lágrimas del autor, quien con su voz gangosa caraterística y unas rimas ripiosas pergeña un auténtico himno al desamor vaquero que recorre la fina línea que separa lo genial de lo ridículo. Aún así, merece un puesto en esta lista etílica.


9. What's the use of getting sober (if your gonna get drunk again). Louis Jordan and his Timpany Five. 1942. Afamado entertainer, excelente saxofonista y compositor dotado, Louis Jordan alcanzó el #1 en las listas de R&B con este tema que anima a la borrachera perpetua y que se inicia con reprimenda de un padre al hijo que va por el mal camino. Siempre dispuesto a los juegos de palabras, los dobles sentidos, las letras dialogadas y a explotar su innegable vis cómica, Jordan fue un auténtico retratista de la vida urbana americana, e influyó en posteriores rockeros negros como Little Richard o Chuck Berry, quienes a su vez plasmaron los hábitos de su época, ahora adolescente,
blanca y rocanrrolera.

10. La Chevecha. Los 3 Sudamericanos. 1970. Versionando el tema que convirtiera a Palito Ortega en el líder de la canción del verano de 1969, este trío de dos argentinos y un paraguayo fundado en 1959 perpetró otra vuelta de tuerca del falso corrido de Palito (ver foto pequeña) por partida triple, animando fiestas, guateques y saraos con esta demencial oda a la borrachera cervecera que se tarareó sin fin en bares, plazas, fiestas de pueblo, chiringuitos playeros, casernas militares y fiestas de fin de curso, e hizo las delicias infantiles de este que suscribe, quien halló una ocasión más para hacer el payaso imitando comportamientos adultos vedados. Aunque el protagonista del tema parece caer redondo y no tener una actitud precisamente responsable, el tono eminentemente festivo parecía disculpar a todos los borrachos que en el mundo han sido, muy alejado de las profundidades del bebedor sentimental. Por ello lo he escogido para cerrar esta lista alcohólica y etílica.

¡¡¡ Salud !!!










domingo 9 de diciembre de 2007

El Dr. Arthur Lintgen y la "vinilovisión".

La vinilovisión

Este sujeto con aspecto de oficinista concienzudo o burócrata anodino responde por Arthur Lintgen, nacido en 1942, doctor en medicina diagnóstica y residente en Pennsylvania, aunque es más conocido por poseer una extraña habilidad, consistente en adivinar, o más bien "leer", el contenido musical de cualquier disco de vinilo que le pongan en las manos con solo mirarlo. Es el por ahora único poseedor de lo que se ha bautizado, no sin cierta rechufla, como Vinilovisión. Como es natural, todo esto tiene su explicación.

El Dr. Lintgen descubre sus poderes

Allá por 1977 el Dr. Lingten fue invitado a una fiesta (no creemos que por ser un party animal precisamente), donde a la hora en que los presentes ya llevaban algún Dry Martini de más, y conociendo su afición a la música clásica y su bagaje audiófilo, le retaron a que reconociera a ciegas las sucesivas composiciones que le iban presentando. Se resístió desdeñosamente a ello, pues afirmaba conocerlo casi todo, más aún lo que podría haber en la casa de sus anfitriones, pues tampoco parece que fueran poseedores de una colección impresionante. El reto fue a más, y se le empezaron a mostrar discos y más discos sin ni siquiera hacerlos sonar como pago a su presunción, y para sorpresa de todos, él mismo incluido, fue capaz de reconocerlos con sólo ver el vinilo hasta la galleta central, que se le ocultaba para no ofrecer pistas. Una vez pasada la primera perplejidad y agotadas las bromas y risas sobre esa extraña capacidad, el Doctor Lintgen quedó convencido de que en verdad poseía un poder excepcional que retaba toda lógica. Había descubierto la Vinilovisión.

Poderes paranormales

La noticia sobre la inusitada capacidad del Dr. Lintgen fue corriendo primero entre conocidos, más tarde a la prensa local, de allí a los medios nacionales, y finalmente llegó a oídos del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones Paranormales, un organismo especializado en someter a juicio a mil y un supuestos videntes, expertos en telequinesia y telepatía, magos y similares, con la intención declarada de desenmarcarar a los farsantes y librar al mundo de charlatanes. Así pues, en 1981 el Dr. Lintgen se sometió a una prueba controlada para averiguar qué había de cierto en sus poderes. El doctor sólo puso una condición: los vinilos debían ser de música clásica, concretamente sinfónica, y de Beethoven en adelante. Para sorpresa del comité, acertó el nombre de la composición, y algunos datos escalofriantes por lo detallados, de los 20 discos que se le presentaron, incluso con apuntes del tipo: "Esto es la Sexta de Beethoven, pero incluye algo más al final. Ah, sí la Obertura Prometeo", o "Queréis engañarme, La Consagración de la Primavera de Stravinsky ya me la habéis enseñado en una grabación diferente". Cuando la admiración llegó al paroxismo fue cuando el doctor Lingten añadió: "Y la segunda es de una orquesta alemana". ¿Cómo podía saber todo eso simplemente mirando el vinilo?
Una mezcla de cultura y física aplicada

El mismo doctor ofreció una explicación sencilla e inesperada a un tiempo. Según sus propias palabras, no se trataba de poderes mágicos sino de un cóctel de dotes de observación y a amor a la música. De todos es sabido que a simple vista un disco de vinilo no es uniforme, sino que algunas zonas aparecen más brillantes, otras más oscuras, unas áreas muestran un tono gris o casi totalmente negro, otras plateadas a la luz. Esto se corresponde a la profundidad de los surcos, la separación entre ellos y los altibajos propios de las diferentes dinámicas de la música que contienen, que a su vez se traducen en más graves o más agudos, mayor volumen (las zonas más brillantes) o menos (las zonas más oscuras), y ayuda a diferenciar la duración de los pasajes, los timbres generales o en un nivel de mayor detalle las diferencias entre percusiones, líneas de bajos o estridentes metales. Así pues, Lintgen sólo tenía que echar un vistazo a tales parámetros, rebuscar en su amplia memoria musical y hallar una correspondencia entre las dinámicas que el vinilo le mostraba y sus vastísimos conocimientos de la música clásica sinfónica. Aún así, también añadía deducciones propias, que explican que pudiera reconocer como alemana una orquesta. Con sólo sostener el vinilo entre los dedos advertía que los bordes cortados hacia arriba eran un signo distintivo de Deutsche Grammophon, y sabedor de la fecha aproximada de la grabación por la calidad del acetato y su gramaje, y convencido de que por aquellas fechas la discográfica sólo grababa con orquestas del país, se aventuró a una respuesta tan detallada. De modo que los poderes del Dr. Lintgen no era para nada paranormales, sino tal vez un tanto anormales por extravagantes. De hecho, en cierta ocasión afirmó: "La grabación es digital. En los surcos entre movimientos realmente no hay NADA". Ver para creer.

Orgullo y prejuicio
A la vista de las explicaciones aportadas por el propio Dr. Lintgen no me extraña que sus poderes se limitaran a la música sinfónica, pues entre otras cosas las composiciones son más extensas, permitiendo observar más diferencias dinámicas entre ellas y comparar las duraciones de los movimientos. Tampoco que solicitara obras posteriores a Mozart, pues tanto éste como Vivaldi o Bach, por poner unos pocos ejemplos, seguían estructuras más repetitivas del tipo Allegro-Adagio-Presto que se prestaban a mayor confusión. Por otra parte, a la vista de Stockhausen declaró: "Esto no es música", y ante un LP de Alice Cooper tachó su contenido de "guirigay caótico", de modo que el doctor, a pesar de su audiofilia, tenía sus prejuicios sobre lo que debía ser considerado digno de audición. Y desde aquí animo a los lectores a hacer la prueba. Tomad algún disco de vinilo que conozcáis con detalle e id probando las correspondencias entre el aspecto del disco y su sonido. Al poco sabréis hallar directamente pasajes concretos, cosa que los DJ's más expertos en vinilo saben desde hace décadas.

A pesar de todo, la historia de este personaje creo que le hace merecedor de que sus poderes se relaten, pues es el único e incontestable poseedor de la Vinilovisión. En mis fantasías le saludo con un afable: "Sr. Lintgen, ¿ha leído algún disco interesante últimamente?"


viernes 7 de diciembre de 2007

Fallece Carlos "Patato" Valdés. Que Changó lo tenga en la gloria


Obituario

El pasado día 4 de diciembre, día de Santa Bárbara, el equivalente a Changó en el santoral afrocubano, Carlos Valdés, apodado "Patato" por su baja estatura y aparente fragilidad, decidió quitarse los tubos y cables que lo mantenían con vida desde que sufriera una crisis en pleno vuelo de San Francisco a Nueva York, el 18 de noviembre anterior, que requirió aterrizaje de emergencia en Cleveland y hospitalización inmediata. A estas alturas huelga decir que con Patato se va un percusionista formidable y un importante pedazo de la historia de la música afrocubana.

La historia de la música afrocubana hecha carne

Carlos Valdés, habanero de nacimiento, santero por devoción y rumbero por convicción, fue uno de los grandes percusionistas cubanos, y su trayectoria, paralela a la de muchos otros, sigue a su vez la trayectoria de la música afrocubana del siglo XX. Tras probar suerte como bailarín, actividad de la cual guardó usos y maneras toda su vida, y boxeador, suponemos que en categorías de muy bajo peso, se animó a dar carta de profesionalidad a una pasión que siempre había relegado a los solares y las ceremonias santeras, tocando en el cajón guagancós, columbias y ritmos abakuás, pasándose más tarde a las congas y participando en formaciones como el Conjunto Casino, el mismo que bajo los auspicios de Don Azpiazu había convertido el pregón El Manisero (The Peanut Vendor) en el primer éxito global de la música afrocubana allá por los años treinta en la extinta RCA Victor. Siguiendo la estela del malogrado Chano Pozo, y tal como hicieran entre otros Cándido Camero, Mongo Santamaría o Willie Bobo, saltó a Nueva York, aportando su granito de arena (o roca granítica) a las nuevas corrientes del latin jazz. Ahí fue cuando grabó sus colaboraciones como músico de sesión en Blue Note y formó parte del gran combo de Tito Puente, quien tras Xavier Cugat había tomado el relevo en la expansión de los ritmos latinos en EE.UU., en franca competencia con Machito y sus Afrocubans.

Que le pongan salsa

La posterior irrupción de la salsa neoyorquina, el boogaloo y otros ritmos del momento propició que bien entrados los 70 Patato hallara aún un puesto preeminente, aunque sospecho que donde realmente se encontraba cómodo era en formaciones rumberas de raíces bien ancladas en la tierra, como se demostró más tarde a finales de los noventa, cuando ya consagrado como una gloria viva formó parte de los Conga Kings con Giovanni Hidalgo y Cándido Camero (entre los tres tocaban trece tambores) o cuando formó parte junto con Bebo Valdés e Israel López "Cachao" en la grabación del disco El arte del Sabor en la Lola Records de Fernando Trueba, el paridor de grandes lecciones como Calle 54.

Melodías del cuero

Dos son las mayores aportaciones de Patato a la precusión afrocubana. La primera la adopción de clavijas para congas, tumbadoras, quintos y demás variantes del instrumento, que sustituyeron a la afinación de los parches por el calor de una pequeña fogata, como aún hoy en día se realiza, por ejemplo, con las lonjas del candomblé uruguayo o en el África. De hecho el invento fue rápidamente adoptado por el fabricante Latin Percusion, y hoy en día constituye un aditamento siempre presente. Y la segunda, derivada de la primera, es que Patato tocaba habitualmente con cinco tambores, y no los tres o máximo cuatro arquetípicos, afinados en notas concretas, de modo que podía remedar escalas sencillas e incluso riffs de melodía, aportando una riqueza tímbrica a la percusión hasta entonces intuída, pero no explotada hasta sus últimas consecuencias.
Un adiós

Mucho me temo que el adiós a Carlos Patato Valdés es el adiós a uno de los últimos grandes de la música afrocubana, a uno de los precursores y máximos responsables de que la música cubana sea lo que ha sido y lo que es. Odio pensar que hay otros cuantos candidatos próximos a viajar al otro mundo dentro de la gran familia que universalizó la rumba, creó el mambo, parió el latin jazz y otros afluentes de la gran corriente afrocubana, pero es ley de vida. Desde aquí mi profundo respeto y admiración por este pequeño gran hombre. En paz descanse, y que en el cielo se arme el gran bembé, un bele bele pa romper los cueros !!!

lunes 3 de diciembre de 2007

Top 10 navideño del Doctor Vinilo

No están todos entre los más vendidos, ni pretendo sentar cátedra en su orden, pero tras mucho meditar me he decidido a completar el post anterior con esta selección de lo más granado del disco navideño. Cualquiera de ellos puede mitigar la depre pascual... o ahondarla con alevosía, y constituyen joyas preciadas para este que suscribe.

1. A Christmas Gift for you. Indiscutible # 1 (ver reseña en discos del mes).

2. Elvis Christmas Album. (1957) Disco imprescindible y envuelto en polémica, pues Bing Crosby, quien figuró en las listas navideñas ininterrumpidamente de 1942 a 1962 con su White Christmas, instó a Irving Berlin, autor del célebre tema, a que denunciara la para él ridícula versión del nuevo rey del rock. Cuentan que hasta algún DJ se vió de patitas en la calle por radiarlo. Sólo por eso Bing Crosby no ha entrado en mi lista. Por lo demás, el disco incluye la genial composición Santa Claus is back in town de Leiber y Stoller, un hito indiscutibe del nuevo villancio rockanrrolero lleno de guiños y arrebatos a la Elvis, donde Santa llega... en un gran Cadillac rojo !!!


3. The Ventures Christmas Album. (1965). Cumbre de las navidades yeyés. Estos avezados autores de instrumentales guitarreros toman al asalto las fiestas navideñas con profusión de reverbs y trémolos como aggiornamento de tradiciones. El sonido del disco se halla a medio camino entre el descaro y sencillez sesentero y el kitsch más horripilante, pero ese afán por recorrer la fina línea que separa el genio del ridículo lo hacen merecedor de un puesto destacado en esta lista. Sugiero su escucha en pequeñas dosis, aunque es una auténtica joya para cualquier coleccionista que no tema torturar la resaca de año nuevo de sus vecinos. Por algo los incluyó Tarantino en su Pulp Fiction.

4. The Beach Boy's Christmas Album (1964). Siete estándards y cinco composiciones de su líder, Brian Wilson, lograron para este mega clásico álbum el disco de oro. Juegos vocales, armonías enrevesadas y ambiente optimista para unas navidades eminentemente playeras no aptas para diabéticos de tan melosas. Aquí Santa ya no vive en el Polo Norte sino en California, tierra de chicas bronceadas y sonrisas dentífricas. A pesar de las aparentes buenas vibraciones, ese año de cuatro discos publicados y lleno de éxitos fue preludio de las honduras creativas (y psiquiátricas) del sr. Wilson, quien a pesar de cantarle a la blanca navidad parecía vivir un infierno personal que ninguna tabla de surf podía mitigar.

5. The Magic of Christmas. Nat King Cole (1960).Aquí tienes las portadas del LP y el single de mayor éxito del único álbum que Nat King Cole dedicó a las felices fiestas, pero con el que logró desbancar a Bing Crosby del monopolio navideño. Nat King Cole, el único negro que podías invitar a casa sin que a tu madre le diera un infarto ni tu padre buscara la escopeta, se alzó definitivamente a la cima del crooner global con versiones de temas estrictamente tradicionales que hoy en día hacen olvidar las de sus predecesores. El disco no es nada original, pero permitidme que incluya en la lista a mi voz preferida. Si al oír a Nat no te aletea el corazón, tal vez estés muerto.

6. Reggae Christmas from Studio One. (1992) Recopilatorio inusitado del célebre Studio One sito en Kingston, Jamaica, donde se citan los Wailers de Bob Marley y variadas estrellas del ska, el rocksteady, el reggae y el dub más abisal a mayor gloria de unas navidades verdes y sin semillas. Este es el album ideal para regalar a las malas compañías y para las fiestas playeras de año nuevo, además de documento histórico sobre los diferentes estilos jamaicanos en su faceta más demencial y psicotrópica. Como muestra, la versión del célebre villancico El Tamborilero convertida al rastafarismo en Little Drummer Boy por Tennessee Brown & the Silvertones.

7. Merle Haggard. A Christmas Present. (1973) Si tus vacas se perdieron en la ventisca y el suelo helado no te deja seguir su rastro, este es tu disco, gentileza del gran Merle Haggard en su asalto al #2 de las listas de country en un invierno especialmente crudo. Antiguo delincuente juvenil, presidiario en San Quintín y autor del himno Okie from Muskogee a la personalidad redneck y ceporra, las versiones de Haggard de célebres baladas navideñas parecen adecuadas para escucharse en un bar de carretera mientras la nieve cae sobre tu pick-up Ford a la espera de que se despejen los caminos. Especial mención merece el tema que abre el disco, If we make it through the winter, donde los buenos deseos son pura ansia de supervivencia famélica y vaquera.

8. The Jackson 5 Christmas Album. (1970) Desde un tiempo lejano en que las navidades eran siempre blancas y Michael Jackson siempre negro, nos llega este disco subtitulado Merry Christmas from Motown, compendio de conocidísimos temas navideños pasados a la fuerza por la batidora soulera del sonido Detroit para lucimiento del benjamín de la familia Jackson. En conjunto el resultado es almibarado y carente de pegada, nada comparable a un Santa Claus funky desbocado como James Brown, pero incluye temas adecuados para unas fiestas movedizas y bailongas o para que la abuela se marque unos pasos antes de atragantarse con las uvas.

9. Lynyrd Skynyrd. Christmas Time Again. (2000) El grupo de Johnny Van Zant se acompaña de casi docena y media de colaboradores para pergeñar este bromazo navideño a ritmo de rock sureño, recuperando temas al uso del mismísimo Chuck Berry y aportando otros propios como el que da nombre al disco. Guitarrazos desenfrenados, voces cazallosas, riffs acelerados y ambiente etílico de club de mala muerte aliñan este álbum gamberro, ideal para ir de compras y espantar a los que pretenden robarte la plaza en el aparcamiento del centro comercial. Si deseas fervientemente que Santa te regale una Fender Stratocaster y odias las fiestas en familia frente al fuego de la chimenea, este es sin duda tu disco.
10. BoneyM Christmas Album. (1981) A pesar de que este cuarteto de domador y tres fieras era de origen antillano, tras caer en manos de los más truculentos productores del llamado europop afincados en Munich su fama cruzó fronteras como pocos en aquellos años, pues combinaban lo mejor de varios mundos y no tenían recato en prestarse a las composiciones más temibles por machaconas y torturantes que fueran. Se hicieron célebres en África, los países árabes, la India, el sudeste asiático e incluso la URSS a pesar del telón de acero, y este disco tiene buena parte de culpa, pues incluye el tema Feliz Navidad (que en su dicción germano-antillana sonaba algo así como "Felis Nafitat") que llegaron a tararear hasta los esquimales, si es que ellos celebran algo en pleno invierno. La manera en que sus melodías quedaron incrustadas en mi cráneo y las imágenes de mi infancia (cuando la Navidad realmente importaba) les hacen merecedores de aparecer aquí aunque sea en último puesto. Si tienes niños menores de seis años o mayores de setenta, esta puede ser apuesta segura para arrancarles una sonrisa.

Dicho todo lo anterior, aguardo vuestros comentarios o sugerencias. Ah, y feliz navidad a todos.

Doctor Vinilo

domingo 2 de diciembre de 2007

Santa Claus: el mayor promotor discográfico de la historia



Desde los inicios del siglo XX, la incipiente industria discográfica, las nuevas estrategias comerciales y publicitarias y la sociedad de consumo avanzaron cogidos de la mano. De hecho, es ya muy conocida la historia que nos habla de cómo la Coca-Cola recogió la vieja leyenda escandinava del vejete habitante del polo norte, le cambió su sempiterna vestimenta verde por el rojo corporativo de la emergente compañía de refrescos y logró crear un mito planetario al servicio del comercio global. Ese fue el nacimiento de Santa Claus, también conocido como Papa Noël, adalid de los buenos deseos navideños y promotor imbatible del derroche familiar. Como es lógico, la música no sólo es cultura y creación , sino también, y a menudo de forma preeminente, industria y comercio. Así pues, el disco navideño se convirtió en una tradición tanto o más arraigada que el pavo, el abeto o los turrones.

A menudo despreciado por su condición de oportunista, su ñoñería o su vaciedad de contenidos, también es cierto que al constituir una apuesta segura que cada año podía renovarse muchas casas discográficas y artistas invertían en el disco navideño más esfuerzos y dineros que en proyectos de dudosa rentabilidad, creando con ello mucho prensaje detestable, pero también auténticas maravillas que pueden apreciarse todo el año. Uno de los primeros superventas navideños fue Bing Crosby, quien además de copar las listas de éxitos durante largos años dejó para la posteridad versiones insuperables de los mismos mantras que hoy en día resuenan en estas fechas en los centros comerciales. Pero en la práctica, y hasta fecha relativamente tardía, cuesta encontrar a un solo artista de renombre que no hubiera grabado al menos una incursión en el himno pascual. Crooners como Sinatra, rockeros aguerridos como Elvis, melenudos yeyés como los Beach Boys o los Kinks, estrellas del jazz como Louis Armstrong, voces del soul o del blues, pasando por reyes del funk como James Brown, bailongos desenfrenados, porreros jamaicanos, vaqueros del country, apóstoles del rock progresivo o los siempre aborrecibles subproductos de la llamada canción ligera, muchos, o casi todos, sucumbieron a la estrategia comercial de prestar sus talentos al repertorio navideño.

El repertorio, ya que lo mencionamos, solía estar formado en inicio por canciones tradicionales de origen incierto y llevadas a los EE.UU. por las diferentes comunidades inmigrantes o grandes temas clásicos, componiéndose con el tiempo tonadas específicas de corte más moderno e incluso en época más tardía novelties humorísticos o descarados covers adaptados al estilo más en boga en cada momento. También en España, como en otros países con tradiciones propias alejadas del modelo anglosajón, abundaron los intentos de puesta al día de villancicos tradicionales, las rumbas festivo-etílicas o las baladas plañideras más cercanas al jingle televisivo de Nescafé que a la creación musical bien entendida. Todo ello me lleva a pensar en el disco navideño como un género específico que, si bien bebe de innumerables fuentes y comprende temas y artistas de todo pelaje y condición, puede ofrecer joyas entre montañas de escombros vinílicos. El que se tome su tiempo puede hallar tesoros, y como ejemplo incluyo algunas portadas a modo de pistas.

Hoy en día el disco navideño es una rareza, y en estos tiempos en los que los cimientos de la industria discográfica se tambalean bajo el acoso de la descarga digital el villancico posmoderno ha quedado relegado al artista de consumo octogenario, el bromazo oportunista o el guiño retro y pretencioso, pero en la historia del disco probablemente nadie como Santa Claus haya auspiciado tantos lanzamientos, y siempre bajo el influjo de una sola idea.
Ho, ho,ho...


viernes 30 de noviembre de 2007

Trucos del Doctor Vinilo


La limpieza de tus vinilos Parte II

Como ejemplo de que el vinilo es un soporte persistente y de que su uso y recuperación han hallado nicho en el mercado, a continuación te informo de una serie de artefactos concebidos para su limpieza y mantenimiento por casas afamadas o iniciativas particulares. Tal vez no sean todos, tal vez existan diferencias importantes entre ellos, pero la idea compartida es proporcionar soluciones de limpieza, e incluso de resucitación, para coleccionistas, vendedores de discos de segunda mano, emisoras, archivistas o el simple aficionado exigente.

La oferta es amplia, e incluye desde el aparato con lujosa peana de madera de Nitty Gritty (www.nittygrittyinc.com/systems.htm), las propuestas de fabricantes de platos giradiscos como Clearaudio (http://www.clearaudio.de/) o Garrard (http://www.garrard501.com/) a inventos especiales que aúnan efectividad y sencillez (como el que puedes hallar rebuscando en http://www.mdrmusic.com/). Otras ideas rozan en su especialización la perfección mecánica, como la británica Keith Monks (http://www.keithmonks-rcm.co.uk/) o la alemana Hannl (http://www.hannl-reinigungssysteme.de/), pero aunque todas ellas asaltan seriamente el bolsillo me temo que son de uso casi obligado para el que desee evitar que sus vinilos sufran una muerte lenta. En el caso de Clearaudio van un paso más allá y comercializan su Vinyl Doctor (vaya, qué coincidencia), que devuelve a los discos combados por el almacenamiento, las altas temperaturas o la fabricación descuidada un muy deseable estado totalmente horizontal mediante la aplicación controlada de calor. Atrás quedan mis experimentos caseros con trapos húmedos y plancha doméstica.

Parte de la dificultad en mantener una rigurosa limpieza de los vinilos consiste en su mismo uso, pues el roce de la aguja sobre el acetato produce una temperatura elevada (alrededor de 300 grados centígrados), con lo que la suciedad ya adherida acaba soldándose (literalmente) a los surcos con sólo unas cuantas escuchas sin limpiar a fondo el disco. En este caso, un aparato específicamente concebido ayuda a resolver la papeleta, pues las limpiezas manuales a veces han podido hasta agravar el problema.

Aún así, y como el bolsillo supone un límite claro, ando cavilando si no resucitar algún plato que tengo desahuciado y adaptarlo para dotarlo de un cepillo limpiador montado en el brazo como remedo casero. Evidentemente, deberé poder regular el peso de ese brazo y hallar algún sistema de recogida de líquidos y secado inmediato, y confieso que me rondan por la cabeza un par de ideas. En este punto solicito de los visitantes toda su ayuda e ingenio. Os mantendré informados de los resultados de mi iniciativa doméstica.

lunes 19 de noviembre de 2007

El humo que cegaba tus ojos: el divorcio de jazz y nicotina


Una escena del pasado

Observa la foto de tu izquierda, donde Dexter Gordon echa unas bocanadas con gesto relajado, su saxo tenor en el regazo, la partitura apartada, la viva imagen del trabajo cumplido, un alto en el camino para tomar resuello. La estampa rememora un pasado ya lejano. Y no tanto por el blanco y negro, las hechuras demodés de su traje, tampoco por ese sombrero desfasado: pertenece claramente al pasado por esa humareda que alumbra la luz cenital en rizados arabescos. Hoy en día no hay estudio de grabación que permita tal atrevimiento, y cada vez son más escasos los escenarios donde el tabaco no esté totalmente vetado. No descubrimos nada si decimos que no siempre fue así.

Jazz y nicotina, un matrimonio feliz

El jazz en origen tuvo siempre, por la influencia de sus mil afluentes, un pie puesto en la transgresión, en el bar de mala muerte, el ambiente bastardo, la atmósfera enrarecida, el alcohol, el tabaco y las drogas. Compartía con el blues y el R&B horarios intempestivos, mala vida y el aura tan atractiva como peligrosa de todo lo que escapa a la luz del día y ha de disfrutarse al abrigo de la noche. Estaba presente en las salas de baile, sí, en la radio, sí, y algunas estrellas traspasaban la frontera de lo oculto y aparecían envueltas en oropel para el consumo del gran público, pero la gran familia del jazz parecía gustar de transitar por la fina línea que separaba el arte de la debacle, parecían hallarse a gusto en la creación al borde del abismo. Para ellos el tabaco era el menos relevante de sus vicios y el menor de sus problemas.

A todo esto debemos añadir que además de su tendencia a la vida disoluta, el jazz ha sido una de las exportaciones culturales destacadas de los poderosos Estados Unidos, que durante varias décadas parecían empeñados en convertir al planeta en un mundo sólo para fumadores. Galanes de cine, aguerridos cowboys, seductoras vampiresas y músicos de jazz poblaron el imaginario de fumadores empedernidos, con escenas aún más sugerentes cuantas más volutas de humo flotaban por el aire. No había hombre de verdad ni ejemplo a imitar que no se echara cada poco la mano al bolsillo y encendiera un cigarrillo con ademán varonil. Tal vez el jazz fuera incluso un poco más allá, como prueba la enorme cantidad de fotografías de músicos fumando en el escenario o el descaro con el que aparecían en las portadas de sus discos agarrados a un pitillo.

No room for squares

Vistos con los ojos de un fumador empedernido del siglo XXI provocan envidia. Ahora nadie fuma en televisión, los músicos se abstienen de echar sus bocanadas en plena actuación, y en el cine un personaje fumador siempre es malo, requetemalo o aún mucho peor. Así pues, el divorcio entre nicotina y jazz parece haberse producido de forma inapelable, y cuando al que esto suscribe le han prohido fumar en alguna de las catedrales del jazz como el Village Vanguard o el Birdland neoyorquinos, sólo le queda pensar, mientras recorre la acera tiritando en pleno invierno, que o bien es un resistente o un chalado que no sabe amoldarse a los tiempos.







Trucos del Doctor Vinilo

La limpieza de tus vinilos.


Resulta más que evidente que al ser el disco de vinilo un soporte analógico y realizarse su lectura por contacto, el mantenimiento de su limpieza es una prioridad absoluta. Son muchos los productos comerciales a la venta en establecimientos especializados, pero una buena higiene vinílica es más cuestión de disciplina que de pócimas mágicas. Evita tocar el disco con los dedos, adoptando para ello la postura adecuada al manipularlos: dedo índice o corazón inserto en el orificio central en evocador gesto, borde sujeto con el pulgar de la misma mano. Para los menos malabaristas siempre se puede asir el vinilo por los bordes con ambas manos en gesto oferente, lo que evitará dejar tus huellas y otros residuos (a saber dónde has metido antes las manos). Cuando el estado del vinilo precise una puesta a punto urgente, lo mejor es usar el sentido común. Provéete de una gamuza suave o un cepillo de suavísima crin (de venta generalizada) y de un líquido limpiador exento de aditivos o colorantes que puedan dejar tanta o más suciedad que la que quitas. Para ello te ofrezco una receta sencilla: 3/4 partes de agua destilada (o de esa para planchar) que no deje cal y 1/4 de alcohol de farmacia. Aplica el producto siempre sobre la gamuza o el cepillo y nunca directamente sobre el disco, pues a pesar de que el alcohol favorece la rápida evaporación del producto puedes formar "charcos" que al absorver el polvo y otras suciedades crearán una especie de fango, lo que empeora el proceso. Limpia el disco siempre de forma circular, siguiendo los surcos, y mantén el giradiscos en marcha si eso te facilita la tarea. Para casos extremos he añadido a veces una gota (¡sólo una!) de lavavajillas con buenos resultados, y en caso de necesitar terapias de choque y salvar algún disco de una muerte segura hasta me he atrevido a lavarlos como si de un plato se tratara. El principio es no causar nunca tanto o más daño en la limpieza del que ya ha provocado un uso negligente.

La aguja merece toda tu atención

A menudo olvidamos que el mal estado de la aguja puede convertir un equipo excelente en un comediscos infame. Los fabricantes recomiendan el cambio de aguja cada 800 horas de audición, aunque yo de tí no me haría el rácano y la cambiaría en cuanto intuyas un disminución de calidad o un comportamiento dudoso. Nunca, y digo nunca, toques la aguja con los dedos. Utiliza para su limpieza un pequeño cepillo de suave pelo o una perilla de aire para expeler el polvo que se pueda haber adherido. Otra de las razones para no echar líquido limpiador directamente sobre el disco es que el alcohol pueda disolver el adhesivo que une la aguja al canal que a su vez lo conecta con la cápsula. Estás avisado. Por otra parte, una aguja en mal estado puede dañar el disco, y el roce sobre el vinilo aumenta levemente la temperatura del mismo, lo suficiente para "soldar" sobre él la poca suciedad que pueda haber. Una razón más para mantener una limpieza a conciencia.

La reproducción en mojado: úsese con moderación

Mucho del chisporroteo o sonido a freidora que a menudo oímos al reproducir un vinilo no proviene de suciedad o polvo sino de la electricidad estática que se acumula en su superfície. Recuerda que la mayoría de cápsulas funcionan por electromagnetismo, y una carga eléctrica no deseada las afecta invariablemente. Para evitarlo puedes recurrir a la reproducción en mojado, un truco de resultados tan sorprendentes como efectivos. Éste consiste sencillamente en aplicar agua (destilada a ser posible) sobre el disco durante su reproducción con un spray o aspersor (de esos de regar los bonsais, por ejemplo) generosamente, y notarás una súbita desaparición de esos sonidos crepitantes. Este método no lo recomiendo para un uso generalizado, pero sí, y mucho, cuando nos disponemos a inmortalizar un vinilo en otro formato (CD o cassette), pues el sonido queda prácticamente exento de parásitos. Sólo debes cerciorarte de que tu plato giradiscos no es proclive a filtraciones que puedan afectar al mecanismo (he dicho pulverizar agua generosamente, no bañar el disco!), y has de secarlo concienzudamente al acabar la reproducción, a ser posible aprovechando para una nueva limpieza.

domingo 18 de noviembre de 2007

La función crea el órgano: breve introducción a la hammondología.

Parte I




Allá por 1934, un ingeniero de mente ambiciosa, inspirado por las recientes innovaciones eléctricas aplicadas a los instrumentos musicales, ideó una alternativa de bolsillo a los elefantiásicos órganos de uso común en iglesias, teatros y auditorios. El personaje respondía por Laurene Hammond, y tras ingentes esfuerzos técnicos alumbró, tal vez sin saberlo, un artefacto que acabaría marcando época. A los menos avisados ese conjunto de doble teclado, banqueta y pedalera, a menudo acompañado de un armario bajo que responde al sugerente nombre de Lesley, puede parecerles más propio de una revista de decoración de la época que revolución musical alguna, pero en las entrañas de ese monstruo cientos de relés, válvulas, tiradores y ruedas giratorias se disponían a proporcionar al intérprete las capacidades, efectos y resonancias de una pequeña orquesta. Los modelos primitivos fueron rápidamente adoptados por salas de cine, capillas de recursos limitados y antros ávidos de atracciones para un público sediento, pero sus constantes mejoras técnicas llamaron la atención de los músicos más atrevidos, de los no tan dispuestos a emular a Bach en formato casero como ansiosos por excitar al oyente con arrebatos, ecos y trémolos a todo volumen. Así pues, su adopción casi inmediata en las iglesias de gospel le hizo compartir el mismo camino que la música que en ellos se interpretaba, saltando a los discos y conjuntos de R&B, y de allí al jazz más cercano a las raíces y el blues. Los nuevos organilleros fueron numerosos, pero no fueron legión hasta que en 1955 el sr. Hammond sacó al mercado el celebérrimo modelo B-3.


Buena parte de la culpa de esa invasión de teclistas a la última corresponde al sr. Jimmy Smith, apodado "The Incredible", auténtico revolucionario en el uso del aparato y exprimidor de todas sus posibilidades. Cuenta la leyenda que tras comprar un último modelo (a plazos, por supuesto) se encerró casi un año en un almacén con su nuevo juguete hasta estar seguro de que tanto el instrumento como él ya no daban más, y emergió a la luz con un sonido tan novedoso y atrayente que su contrato para la casa Blue Note no se hizo esperar. Furiosos crescendos, cambios constantes de timbre, ataques a degüello, acordes gigantescos y maestría en el uso de densas y abisales líneas de bajo en los pedales, tan amplia era la panoplia de efectos y recursos que podía ofrecer que el Hammond B-3 se convirtió en parte integrante de la banda sonora de su época, y hasta bien entrados los sesenta no tuvo contrincante en la creación de ambientes y sonidos de auténtica pegada. Smith fue el primero que logró realmente sacar al Hammond de la iglesia, la feria y el bar de mala muerte a los escenarios del jazz, logrando que aquel juguete fuera en verdad considerado un instrumento serio.

Al tal Smith le siguieron muchos, como p.e. Jack McDuff, Lonnie Smith, Big John Patton, Shirley Scott o Larry Young, quienes bebieron de la fuente de pioneros como Wild Bill Davis o Bill Doggett, avezados "entertainers", para dotar al Hammond de puesto preeminente en el soul jazz. Incluso grupos de rock como Procol Harum, Led Zeppelin o Yes aprovecharon la grandilocuencia de su sonido para acompañar sus pretensiones sinfónicas, pero la posterior aparición del piano Rhodes enamoró a los buscadores de modernidad, y el Hammond quedó relegado al desván de las antiguallas. Hoy en día, la casa Hammond es propiedad de la Suzuki japonesa, los viejos modelos sólo pueden adquirirse a precios desorbitados, y las nuevas apuestas digitales no logran cumplir las expectativas del buscador de EL sonido Hamond con mayúsculas. Aún así, unas pocas caricias al teclado de un Hammond, unos pocos acordes sostenidos, un trémolo plañidero en el inicio de un blues, nos devuelven a un tiempo en el que lo más novedoso y lo más atávico unieron sus fuerzas para provocar emociones y arrebatos.

sábado 10 de noviembre de 2007

La chica de Ipanema o cómo arrasar el planeta con un ritmo nuevo de la noche al día



Oye qué cosa más linda....


En 1962 la gran hornada del rock'n'roll se estaba enfriando, el jazz iniciaba caminos experimentales que le alejaban definitivamente de las salas de baile, la música negra aún no había roto sus cadenas, y las viejas modas de los ritmos tropicales no habían logrado superar el cambio generacional. Muchos eran los que ansiaban hallar un toque distintivo que pudiera convertirse en sintonía inaugural de una década preñada de promesas, pero pocos imaginaban que éste acabaría viniendo del otro hemisferio, de un mundo alejado, tan desconocido como sugerente. Las músicas tropicales, de consumo moderado en EE.UU. y muy limitado en Europa, ya habían aportado a la gran corriente principal el mambo, el cha-cha-cha, el bolero y otros ritmos, ya habían influido en apuestas de por sí arriesgadas como el jazz, pero su enorme bagaje se veía casi siempre limitado por el prejuicio, el idioma o su uso exclusivo para el baile. Una de las muchas mutaciones de la música latina obraría el milagro.


Bossa nova, la nueva intención


Aunque a veces se ha querido definir a la bossa nova como música popular brasileña, lo cierto es que en origen fue una idea de las élites culturales cariocas, que muy influidas por el jazz y la chanson francesa aprovecharon las estructuras de la samba y sus afluentes para añadirles sofisticación, coartada literaria y aires progresistas en consonancia con los crecientes deseos de una nueva clase media brasileña que se debatía entre las raíces y el brillo de la cultura europea, como empezaba a plasmarse en su arquitectura y otras artes. Así, el matrimonio entre tradición y cosmopolitismo se celebró sin grandes fastos, aunque el acierto de esa unión cruzó todas las fronteras. Los contrayentes, por otra parte, eran tan numerosos como inesperados.


"The sound", el blanco que bebía de todas las fuentes


Stan Getz, conocido como "The Sound" por su imbatible timbre y personalidad al saxo tenor, era uno de los numerosos músicos blancos de jazz abierto a mil influencias, alma liberada de corsés y hambrienta de éxito, tanto económico como musical. Siguiendo los consejos de amigos músicos como Charlie Byrd, decidió dotar a su repertorio de algunos temas con savia nueva, y después de tantear la música cubana decidió que los dulces ritmos sincopados de una nueva generación de compositores brasileños se adaptaría mejor a su sonido almibarado. Para ello recorrió a Joao Gilberto, quien por entonces parecía abrirse camino a toda velocidad como delantero de un amplio equipo, compuesto entre otros por Antonio Carlos Jobim, Vinicious de Moraes, Luiz Bonfá
o Laurindo Almeida. La cita, sin embargo, tuvo un desenlace inesperado.


¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?


Una vez Getz y Gilberto prepararon el material y realizaron las primeras pruebas, a los productores les asaltó una duda. ¿Estaba el público americano preparado para consumir canciones en portugués, acaso no faltaba algo para convencer a las emisoras de que radiaran aquel nuevo cóctel, era todo aquello una buena idea? La solución fue echar mano de la mujer de Joao, Astrud, que hablaba inglés, no tenía mala pinta y aunque no era cantante profesional su voz ofrecía un tinte sugerente y enigmático, lejos de toda pretensión. Una vez agregado ese último ingrediente la mezcla resultó explosiva, lanzando a Getz, la bossa nova y a todos sus participantes al éxito mundial. Durante un par de años el planeta bailó, amó y sintió al ritmo cadencioso de sus sones amables y sensuales, no hubo saxofonista de pro que no adoptara la nueva receta, y hasta el propio Elvis se subió al carro. Sin embargo, el auténtico terremoto global vino de la mano de los cuatro melenudos de Liverpool, y el globo se desinfló, aunque dejó tras de sí uno de los discos más vendidos de la historia del jazz e influencia eterna en el mundo de la música.

miércoles 7 de noviembre de 2007

Alta Fidelidad, la piratería y la grabación de cassettes como una de las bellas artes

Inspirado por el libro de tu izquierda, recuerdo los tiempos no tan lejanos en que la única manera de compartir tus discos favoritos con amistades y ligues a los que querías impresionar con tu sapiencia y buen gusto era la grabación de esas bobinas magnéticas encarcasadas llamadas cassettes. Esta es posiblemente la única víctima real de la actual preeminencia digital, y si lo dudas busca cerca de tu casa una papelería, supermercado o ferretería (sí, las ferreterías solían tenerlos, pues se consideraban herramientas) que aún sirvan cassettes vírgenes. Su manejo era engorroso, su calidad dudosa y su durabilidad escasa, pero grabar vinilo en cassette era lo más parecido a la creación musical que un no-músico podía permitirse. La diferencia estriba en la dedicación, pues no es lo mismo apretar unas teclas, mover unos archivos y "tostar" un CD que verte obligado a unas operaciones mecánicas que requerían de gran destreza en riguroso tiempo real. Una grabación en cassette te obliga a escuchar todo lo que grabas, a temer el error, a cumplir desesperantes rebobinados en busca del inicio o fin de una canción para realizar correcciones. Por otra parte, esa actividad tan dedicada facilitaba la confección de recopilatorios con auténtico espíritu de transmisión de emociones, con absoluto cuidado en el orden de grabación, intentando que el oyente (al que no le quedaba más remedio que escuchar la cinta de cabo a rabo sin posibilidad de zapeo) se dejara guiarr por tu batuta. Un recopilatorio para un amigo era un auténtico abrazo de estima fraternal; una cinta para una novia un verdadero acto de amor.


Todo esto se supone que casa muy poco con las actuales preocupaciones por la piratería. Parece evidente que un CD tiende a clonarse hasta el infinito para su reparto entre amistades o el comercio ilegal, pero ya en aquellos tiempos magnéticos se temía por la copia incontrolada y el perjuicio que ello podría causar al autor y al fabricante, como se demuestra en la imagen de tu derecha. Numerosas campañas se ocupaban entonces, con la coartada de la defensa de David contra Goliath, de que el usuario de cassettes vírgenes se sintiera próximo al delito, pero nunca llegaron al nivel de las actuales, seguramente porque un vinilo era un vinilo, y su copia magnética un simple remedo. Sin embargo, lo que entonces obviaban es que el recopilador casero solía considerarse un artista, un creador, y que el cassette no era más que el lápiz y el papel sobre el que se garabateaban emociones y sentimientos para su reparto entre almas receptivas.

domingo 4 de noviembre de 2007

freddy freeloader -Miles Davis

El jazz de mejores modales


Miles Davis es hoy, como fue siempre, sinónimo de músico genial, visionario y arriesgado. Arrogante en sus maneras y a la vez accesible al gran público, forjó poco a poco fama de adelantado, de compositor inspirado e intérprete reconocible a las primeras pocas notas. Su influencia fue evidente, y siempre supo mantenerse en primera fila y rodearse de lo más granado de la escena musical. Su sexteto de finales de los 50 es un ejemplo arquetípico de todo ello. Con Julian Cannonball Adderley al saxo alto, John Coltrane al tenor, Paul Chambers al bajo, Wynton Kelly al piano y James Cobb a la batería conformó un conjunto pionero en la introducción de la teoría modal en el mundo del jazz. Tras apuntar maneras en su disco Milestones, decidió encargar a Bill Evans las teclas y embarcarse en un proyecto en el que los solos ya no recorrerían progresiones de acordes, sino escalas que desnudaran la partitura de las ceñidas costuras al uso, los modos, que ayudaron a bautizar ese nuevo concepto como modal jazz. Kind of Blue fue el primer LP compuesto enteramente en esta nueva disciplina, y aún hoy se considera uno de los mejores discos de jazz de todos los tiempos. Sin apartarse radicalmente del blues y del cool jazz que él mismo contribuyó claramente a imponer, bebiendo aún de las fuentes primigenias, con unas gotas de aventura y armonias propias de un Debussy, el disco se grabó prácticamente de una sentada para encumbrar a su autor y a todos los participantes. El tema que puedes oír aquí no deja de ser un blues estricto de 12 compases, pero en los solos sucesivos se dibujan nuevas posibilidades que, aun con oídos del siglo XXI, parecen de otro planeta. Es el jazz modal, el jazz de mejores modales, un nuevo modo para lo que entonces era también un mundo nuevo.
FREDDY FREELOADER - MILES DAVIS

sábado 3 de noviembre de 2007

El vinilo de Juan Palomo



Recetas para crear tus propios vinilos

A pesar de que el CD lleva muchos años como soporte de mayor uso, el tan largamente anunciado funeral del vinilo no acaba nunca de celebrarse. Más aún, cada vez abundan más las iniciativas para preservarlo e incluso para crearlo. Pensado inicialmente para DJs avezados en su uso, este aparatejo de arriba es la solución ideal para el que desee producir sus propios discos en casa o en el estudio de grabación. La responsable de ello es la afamada casa Vestax, que con este modelo VX2000 intenta cumplir el sueño de todo productor casero o aficionado irredento al microsurco.
Aunque el precio ciertamente tira de espaldas (lo he visto valorado entre 8.000 y 12.000 euros) no acabo de estar seguro de si se trata de un juguete o de un grabador de calidad, pues no he tenido el placer de oírlo y los comentarios son diversos y confusos. En este punto es cuando solicito tu comentario más encarecidamente. Para más información: http://www.vestax.com/


Para los más atrevidos y aquellos a los que la técnica no espanta presentamos este artefacto de ingeniería alemana al más puro estilo Profesor Lokovich. Su precio ronda lo 3.000 euros, y puedes encontrar toda la información necesaria, así como muy interesantes comentarios técnicos sobre la grabación analógica, en la web http://www.vinylrecorder.com/. La empresa (aparentemente unipersonal) está ubicada en la localidad de Hosskirch, aunque rebuscando por la web parece que su creador está presente en multitud de ferias al uso. En este caso las referencias disponibles son nulas, pero el invento hará sin duda las delicias de los aficionados al bricolage electrónico. Sólo de verlo quiero uno.

Ya son relativamente numerosas las pequeñas empresas que ofertan grabaciones en vinilo para DJs o aficionados sin tener que encargar discos de 500 en 500 unidades. Entre ellos destacamos la argentina Hamilton Records, cuya web no debes dejar de visitar (http://www.hamiltonrecords.com.ar/), y que aconsejamos especialmente a los lectores de ultramar. Suponíamos que utilizaba el aparato alemán antedicho, pero Claudio, alma mater de la citada firma, nos ofrece una descripción de su dispositivo: "En realidad utilizo de varios continentes, la Cabeza y el Amp principal es Suizo de la Vinilyum, el overhead, o sea donde se mueve la cabeza, es Americano, un Fairchild, y los compresores y expansores son Ingleses asi que uní todo lo mejor para llegar a un sonido profesional". Confieso que me he perdido, pero tal equipamento merece ponerse a prueba.

domingo 28 de octubre de 2007

Ray Charles, el frotar no se va a acabar



link para la letra original: http://www.lyricsdownload.com/ray-charles-what-d-i-say-lyrics.html

"Hey mama, don't you treat me wrong, come and love your daddy all night long"

Una frase como esta puede sonar entre inocente y manida para un oyente del siglo XXI, pero allá por 1959 sonaba a proposición indecente o amenaza pura. Por aquellas fechas incluso el rock'n'roll se había suavizado con la irrupción de una caterva de niños bonitos de tupé bien repeinado, versiones actualizadas de Crosby y Sinatra para un público adolescente ávido de novedades, diseñadas para no alarmar a papá. El rhythm and blues, una música eminentemente racial y adulta, ya admitía desde sus orígenes juegos de palabras, dobles sentidos o proclamas de lo más explícitas, pero Ray Charles era una estrella, uno de los pocos junto con Louis Armstrong, Nat King Cole o Fats Domino que había escapado de su jaula segregada para dirigirse al gran público. Ellos ya habían superado una barrera, pero Ray se disponía a cruzar otro umbral. Gritos de placer, valoraciones sobre las capacidades y rendimiento de su acompañante, arengas al contacto físico, todo ello sazonado con un ritmo trepidante que tanto parece evocar un baile desenfrenado como un tórrido encuentro carnal. Parece lícito imaginar que sin aquella ruptura con los corsés morales, ni los cantos al amor libre de los hippies ni los himnos a la promiscuidad de los swinging sixties lo habrían tenido tan fácil. Hay pioneros para todo, y así lo demostró este promotor del baby boom.

"Mmm, see the girl with the red dress on, she can do the dog all night long. Baby, it's all right, Baby, it's all right right now"

sábado 27 de octubre de 2007

what'd I say - Ray Charles

heartbreak hotel - Elvis Presley


A tu derecha la portada original del disco de la semana, un auténtico fenómeno telúrico que cambió el mundo. Publicado en marzo de 1956, supuso un antes y un después y la puesta de largo del rock'n'roll, reducido hasta entonces a singles y EPs. Los más avisados notarán que The Clash rindieron en su London Calling un más que sentido homenaje a la cubierta. De este disco fundamental es difícil extraer un único ejemplo, pero ahí va el regalo de un tema a medio camino entre el rock y la balada de desamor atormentado. Han pasado más de 50 años, pero ante este monumento más de un baladista palidece. A su lado son meras sombras.

jueves 25 de octubre de 2007

Música para extraterrestres




El disco de oro de la nave Voyager, el único LP audible fuera del sistema solar

Esto que ves a tu izquierda es un LP, aunque no un vinilo. Su base es de cobre, su superficie un baño de oro. Tampoco dura lo mismo que un LP normal, ni gira a las 33 r.p.m. habituales. No es sólo música, pues también incluye sonidos variados e imágenes. Aún así merece estar aquí por ser plenamente analógico, pero sobre todo por ser el único soporte musical al alcance de algún afortunado oyente extraterrestre. Como es natural, todo esto tiene su explicación.

Si hay vida fuera de la Tierra, ¿qué mejor tarjeta de visita que un LP ?

A mediados de los años setenta, la NASA, ya asumido el fin del programa Apolo, andaba escasa de iniciativas novedosas, de retos asequibles que llamaran la atención del público y proporcionaran a la vez una coartada científica. La solución a todo ello resultó ser barata, llamativa y prometedora a un tiempo: el lanzamiento de sondas espaciales que, propulsadas con fuerza a los confines del espacio, devolvieran a la Tierra toda la información posible sobre los parajes que recorriera en su trayectoria infinita. Existían los precedentes de las Pioneer 10 y 11, así que sólo se trataba de conseguir mayor alcance y mejor instrumental para las comunicaciones. El proyecto tomó cuerpo con el nombre Voyager, y todo se preparó para la construcción de dos artefactos que, provistos del más innovador sistema de medición y transferencia de datos, acabarían por lanzarse casi simultáneamente al espacio entre agosto y octubre de 1977. Tales aparatos recorrerían el éter en dirección a los confines del sistema solar, pasarían al otro lado y seguirían su camino, enviando información a la Tierra hasta aproximadamente el 2020, cuando sus fuentes de energía quedarían agotadas y las transmisiones cortadas para siempre. Pero las sondas no se detendrían allí, pues por pura inercia seguirían alejándose a miles de kilómetros por hora, penetrando más y más en el vacío espacial, hasta toparse con algún obstáculo o, en el mejor de los casos, ser recogidas por algún ente pensante, vida extraterrestre inteligente.

Mensaje en una botella

Tan excitante resultaba la idea de que las sondas Voyager pudieran acabar en un futuro lejano en manos no terrícolas que un equipo asesor, dirigido por el afamado astrofísico y divulgador Carl Sagan, fue asignado de inmediato para que decidiera cuál era la mejor manera de definir nuestro planeta, su posición, su ciencia y su cultura en modo discernible para unos seres que, muy probablemente, poco tendrían que ver con nosotros. Las sondas Pioneer ya portaban en su fuselaje unas placas con los grabados de dos figuras humanas de ambos sexos, una guía de nuestra posición en el espacio y alguna orientación sobre nuestro nivel tecnológico, de modo que esa idea tan original fue adoptada sin apenas cambios. Sin embargo, faltaba algo más, algo que definiera nuestra cultura, nuestro paisaje, nuestra vida. La solución fue a la vez sencilla y genial: un disco.

El recopilatorio de la humanidad

El formato escogido era muy similar a un LP corriente. Acompañado de cápsula y aguja (gentileza de la NASA) en una cara portaba instrucciones simbólicas sobre cómo reproducirlo, en la otra una grabación de audio y otra de imágenes, ambas analógicas. Las imágenes eran 115 fotografías de diversos lugares de la Tierra, de actividades humanas y muestras de nuestras diversas culturas, así como algunas pistas sobre nuestro nivel de desarrollo. Pero lo más interesante era el sonido. Pensado para su reproducción a 16 2/3 r.p.m., el registro sonoro tenía tres secciones. La primera estaba formada por saludos en 55 lenguas terrestres, desde el acadiano, desparecido hace más de 6.000 años al Wu, un moderno dialecto del chino. La segunda la constituyen una selección de sugerentes sonidos terrícolas, desde el chillido de un chimpancé al rumor de las olas del mar o el traqueteo de un tren en marcha. Y la tercera, y esa es la buena, grabación musical en microsurco, 90 minutos recopilatorios de lo que Carl Sagan y su equipo pensaron era un compendio de la música más representativa de nuestro amado planeta.
¿Tú cuál escogerías?

Un Grandes Éxitos de la raza humana

Un rápido repaso a la lista (link: http://voyager.jpl.nasa.gov/spacecraft/music.html) nos descubre una amalgama de músicas diversas, 27 temas que abarcan desde la world music más etnográfica hasta rock'n'roll y jazz primigenio, pasando por la inevitable abundancia de composiciones clásicas, entre las cuales Bach, Mozart y Beethoven destacan por derecho propio. Desconozco cuáles fueron las premisas de las que partieron los sabios recopiladores, o si Chuck Berry y Louis Armstrong hallaron reticencias, tampoco sé si la selección se aprobó tras arduos debates, pero lo cierto es que desde el verano de 1977 y para siempre jamás, esa es la música que nos representa como especie.

Los extraterrestres y Johnny B. Goode: ¿amor a primera vista?

Lo más probable es que los hoy vivos nunca sepamos si a los seres que habitan los espacios siderales les gusta el rock'n'roll o prefieren a Lorenzo Barcelata y sus Mariachis interpretando "El Cascabel", pues ambas sondas dejaron atrás en los 90 la órbita de Plutón, y ahora que se hallan transitando a gran velocidad por el vacío más absoluto han de viajar unos 40.000 años antes de acercarse a algún lugar con visos de albergar vida inteligente.
Aún así, cabe la esperanza de que un día de estos recibamos el primer mensaje alienígena con un entusiasta: "Hey, este Chuck Berry es la ostia, tíos!!! ¿Tenéis más?"

miércoles 24 de octubre de 2007

10 razones prácticas y metafísicas para amar un LP

A MODO DE MANIFIESTO

1. un LP es un ser vivo
El LP nace, crece, se reproduce y muere si no se le cuida. Pero siempre es el mismo, nunca una copia.

2. un LP es historia
historia tecnológica, musical y estética. Nadie iría todavía a un museo de CDs, y las subastas de CDs son aún una rareza.

3. un LP es un cuadro con música
El LP no sólo reproduce música, es la fusión de un soporte y una creación plástica que puedes enmarcar.

4. un LP es una herramienta eficiente
El LP es perfectamente eficaz en su cometido, y ofrece sonido de calidad igual o superior a cualquier otro soporte.

5. el LP es único e irrepetible
Al ser un soporte analógico, y por lo tanto físico, todos los LP se parecen al molde, pero ninguno es exactamente como él. Todo LP nace y muere siendo él mismo, y puede reproducirse pero no clonarse.

6. el LP no engaña
EL LP no son datos, ES en sí. Un LP desnudará tu equipo y lo mostrara tal como es, bueno o malo, y su exigencia en rendimiento sacará de él lo mejor y lo peor. No enfrentes tu equipo a un LP, pues éste, desprovisto de artificios, siempre manda. Que no te engañen sus dos caras, pues el LP es plenamente honesto. El LP es verdad.

7. el LP es orgulloso y tiene carácter propio
El LP tiene raza (concretamente negra) y carácter definido. No soporta a veces datos, a veces imágenes, a veces programas, sino que siempre es música. El LP es obstinado en su función. No conoce bastardías ni se deja imitar. Tampoco es portátil ni soporta vaivenes. Requiere toda tu atención .

8. el LP es siempre interactivo, nunca es perezoso
Un LP necesita de tu acción, de tu cuidado, no entiende de mandos a distancia, no se conforma con que pulses una tecla. El LP te obligará a levantarte, a que lo limpies, a que lo trates con cuidado, ocupará mucho espacio, querrá que bailes con él, que lo hagas girar, querrá jugar contigo.

9. el LP cuenta una historia
Por su tamaño y su presencia, el LP muestra avatares, tiene cicatrices, recuerda su pasado, chilla su dolor, su portada se arruga con el tiempo, su papel amarillea, sus manchas son a menudo imborrables. El LP te habla más allá de la música.

10. el LP es modelo y referencia
El LP es el modelo en el que se miran todos los soportes, es fuerza telúrica y proteica, el espejo en el que los demás se miran... y empequeñecen. El LP siempre es el original, lo demás son copias.




oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo